3 claves para escoger el calzado laboral

Hoy queremos abordar en el blog algunas de las pautas que debemos tener en cuenta para escoger el calzado laboral, ya que al cabo del año suceden en torno al 29% de accidentes laborales que causan baja como consecuencia de lesiones en las extremidades inferiores, según datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social.

1. Evaluar el riesgo laboral

Antes que nada, si en el lugar de trabajo hay riesgos, tendremos que evaluarlo para intentar eliminarlo o reducirlo a mínimos mediante la aplicación de las medidas preventivas contempladas en la Ley 31/1995. No obstante, si el riesgo persiste a niveles altos, tendremos que optar por utilizar Equipos de Protección Individual (EPI)

2. Usar el EPI adecuado para el riesgo

Para el caso que nos ocupa, la protección de los pies y de las piernas, tendremos que usar un calzado EPI de acuerdo con su marcado CE, folleto informativo, etc.). Por norma general, el calzado de uso laboral suele ser de categoría II y posee un certificado de Tipo. Sin embargo, nos podemos encontrar otras categorías de riesgo, como son:

Categoría I: es el calzados adecuado para proteger de lesiones superficiales, como los usados en el ámbito deportivo. Su función es proteger contra condiciones meteorológicas leves, en el ámbito profesional.

Categoría III: aquí no encontramos con un calzado adecuado para protegernos de choques eléctricos, temperaturas de efectos comparables a una temperatura del aire mayor o igual a 100 ºC, o iguales o menores de -50 ºC, sustancias químicas, riesgos microbiológicos, cortes y heridas provocadas por chorros a alta presión o sierras de cadena.

Así, dependiendo del tipo y del nivel del riesgo del entorno laboral, escogeremos el calzado que se ajuste al tipo de riesgos (mecánicos, químicos, eléctricos, etc.) y al nivel que hayamos evaluado.

También, tenemos que tener en cuenta que hay determinados tipos de riesgos, como los derivados de la acumulación de cargas electrostáticas, el aislamiento de la electricidad o la penetración de agua, que requieren requisitos adicionales para ofrecer protección frente a un tipo de riesgos de base, como puede ser la protección contra impacto en los dedos en el caso del calzado de seguridad. Es por ello, que podemos señalar que tanto el calzado de seguridad, de protección o de trabajo, siempre deben presentar resistencia al deslizamiento a fin de prevenir caídas al mismo nivel por resbalones.

3. Adaptar el calzado al trabajador y a las condiciones del lugar de trabajo

Es necesario que tengamos en cuenta las particularidades físicas del trabajador, así como la talla del calzado. Y, por otro lado, hay que prestar atención a las condiciones de temperatura o humedad en el puesto de trabajo, para seleccionar las propiedades adicionales del calzado que permitan que el trabajador pueda desempeñar de forma segura y normalmente sus tareas asignadas.

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